Isaac Newton - Biografía



Isaac Newton nació el 4 de enero de 1643 en Woolsthorpe Manor, la casa señorial familiar situada en la aldea de Woolsthorpe-by-Colsterworth, en el condado de Lincolnshire, Inglaterra. La infancia de Newton fue muy desventurada y le marcó el carácter de por vida. Fue el único hijo de su padre, de nombre Isaac Newton al igual que él, un próspero agricultor y propietario de carácter fuerte que no sabía leer ni escribir, con Hannah Newton, de soltera Ayscough y proveniente de una familia gentil más cultivada que la paterna. La pareja se casó en abril de 1642; un matrimonio de anglicanos-puritanos estrictos que beneficiaba económica y socialmente a ambas partes.

Sin embargo, tres meses antes de nacer Isaac hijo, el padre fallecía. El pequeño Isaac nació prematuro y débil, con pocas esperanzas de supervivencia. Se suele decir que su madre comentó de él, tras dar a luz, que podría haber cabido fácilmente en una jarra de litro de cerveza.  La fecha de su nacimiento, en 1643, es significativa al ser un año posterior a la muerte de Galileo Galilei. Según el calendario juliano, todavía vigente en Inglaterra por aquellas fechas, Isaac Newton nació el 25 de diciembre, día de Navidad.

Tras sobrevivir de forma prácticamente milagrosa y contra todo pronóstico a una infancia marcada por la debilidad y las dolencias, cuando Isaac cumple los tres años de edad su madre contrae de nuevo matrimonio con el Reverendo Barnabas Smith, el acaudalado Rector de la aldea cercana North Witham y cuarenta y un años mayor que ella, para irse seguidamente con él a vivir allí, dejando al pequeño Isaac en Woolsthorpe bajo los cuidados de su abuela materna, Margery Ayscough, con la que el niño permaneció solo por más de siete años. Con el tiempo, entre las confesiones privadas de sus pecados, Isaac mencionaría el odio mortal que le inspiraba su padrastro e incluso su propia madre por casarse con él, llegando hasta el punto de amenazarles con quemarles en el interior de su propia casa. En 1653, tras la muerte de Barnabas y convertida en una rica heredera, Hannah vuelve a Woolsthorpe Manor trayendo con ella a los tres hijos de su segundo matrimonio: Mary, nacida en el 1647; Benjamin, nacido en el 1651, y Hannah, en el 1652.


Sin embargo, el regreso de su madre no supuso una alegría para el joven Isaac, que acababa de alcanzar los diez años habiéndose visto privado de padre y madre. Desde el primer instante sintió una profunda animadversión hacia sus hermanastros, particularmente hacia Benjamin, por haber gozado de la atención y el cuidado de la madre que a él le había negado. En 1655, a la edad de 12 años, Isaac ingresó en la escuela de gramática King’s School en Grantham, dedicada a las letras y al estudio de la Biblia. Aunque de carácter callado y sombrío, el joven disfrutaba más de estar en el colegio que con los suyos en Woolsthorpe Manor, entre los que consideraba que no tenía su propio sitio. Estudiaba matemáticas por su cuenta, ya que no constituían una materia común de colegio por aquel entonces. De un libro que encontró llamado Mysteries of Nature and Art («Misterios de la naturaleza y el arte») aprendió ideas para confeccionar cometas, relojes de sol y pequeños molinos. Entusiasmado por estos nuevos descubrimientos, el joven se regocijaba en estos experimentos sencillos y resultó tener una habilidad excepcional en la confección de toda clase de artefactos, además de una mente inquisitiva con la que estaba siempre inventando.

Mas solía quedarse estas nuevas pasiones para sí mismo. Su familia había dispuesto que se hospedara en casa del boticario William Clark, en la que de nuevo se vio con disgusto en la necesidad de tener que cohabitar con otros tres niños, los hijos del primer matrimonio de la Sra. Clark: Edward, Arthur y Catherine Storer. Esta última describiría a Isaac Newton, tras su muerte y al mismo biógrafo que compuso sus memorias, como un chico pensativo y taciturno que nunca jugaba con los otros niños, al que los demás no solían tratar demasiado bien y que sin embargo sabía ser amable con ella y le confeccionaba con destreza pequeños muebles para sus muñecas. Se especula con la posibilidad de que Isaac Newton, quien no contrajo matrimonio jamás y a quien no se le conoce relación alguna documentada, pudiera haberse sentido atraído por primera vez por la joven Catherine.

Es por causa de esta traumática infancia que Isaac Newton, al crecer, desarrolló un carácter ansioso y marcado por una impulsividad hostil hacia sus conocidos y colegas científicos que quisieran poner en duda alguna de sus obras o teorías. Siendo el mayor, en 1659 su madre decidió sacarlo del colegio para obligarle a seguir los pasos de su padre y cuidar del legado económico de la hacienda, haciéndole granjero por la fuerza. Resentido y de mal talante, Isaac obedeció las órdenes de su madre y volvió a Woolsthorpe Manor, donde demostró tener tan pocas aptitudes como interés para el negocio paterno. Afortunadamente para él y para el futuro de la ciencia, el Director de King’s School se puso en contacto con Hannah y la convenció para que permitiera al joven Isaac finalizar su educación, pues había reconocido un talento en él. Isaac retomó sus estudios al año siguiente y a los 18 años finalizó su etapa de escolarización.

En 1661, y gracias a la influencia de su tío, un graduado del Trinity College en la Universidad de Cambridge, Isaac se matriculó él también en Trinity College. Al parecer por deseo expreso de su madre, y a pesar de la gran riqueza familiar y de no necesitarlo realmente, entró como «subsizar»: un régimen de becario ofertado por la Universidad para hacer posible que los alumnos de padres muy pobres pudieran estudiar, y bajo el cual estos compensaban con trabajo en las cocinas, como camareros o en la limpieza del área residencial los gastos de alojamiento, comida y estudios.


A raíz de su ingreso en Trinity College, los estudios de Isaac Newton le llevarían a ser una figura determinante dentro de la llamada Revolución Copernicana. Esta define el paso de la creencia del geocentrismo, que afirma que el hombre y la Tierra son el centro del Universo a la actual forma de pensar del hombre moderno, contrastada por la ciencia y por los mismos viajes al espacio: el heliocentrismo, o la capacidad de entender, aunque no lo podamos experimentar de primera mano, que vivimos en un planeta que gira alrededor de una estrella, el Sol, como parte de una galaxia dentro de un Universo posiblemente infinito. Muchos hombres de ciencia contribuyeron a esta revolución empezada por Nicolás Copérnico con su De revolutionibus orbium coelestium («Sobre las revoluciones de las esferas celestes»), publicado póstumamente en 1543: Galileo Galilei con la aportación del nuevo telescopio; Johannes Kepler y su formulación de las leyes sobre el movimiento de los planetas orbitando alrededor del sol, y, finalmente, Isaac Newton, quien marcó definitivamente el cambio a la nueva ciencia unificando las teorías de sus predecesores con la formulación de sus Leyes en el campo de la física y la mecánica.

La estancia en Trinity College le permitió a Isaac Newton estar en contacto con los últimos descubrimientos en matemáticas, física y astronomía. En los círculos académicos, las teorías del recientemente fallecido Galileo Galilei habían ocasionado un gran revuelo y el heliocentrismo era el tema en boga entre los nuevos hombres de ciencia y pensadores. También René Descartes estaba en proceso de formulación y difusión de su nuevo concepto de la naturaleza, expresada en su Discurso del método (del 1637 en francés original) como una maquinaria unificada y global, compleja y perfecta según la cual toda la materia responde a una serie de propiedades fundamentales que la hacen interactuar consigo misma en base a unas pocas leyes universales.

Ciencia, observación empírica, creencia y pensamiento se mezclaban en las mentes de estos nuevos filósofos, investigadores y estudiosos que buscaban responder, con el máximo de objetividad posible, a las preguntas fundamentales de cómo y por qué el mundo en el que vivimos es así y si existe o no un Dios tras el proceso de su evolución y funcionamiento. El joven Isaac tuvo la mejor oportunidad de vivir de pleno esta revolución científica del siglo XVII. En el Trinity College se enseñaba el programa habitual aún centrado en el geocentrismo propuesto por Aristóteles, pero el joven permanecía al tanto de estas nuevas formas de estudio, investigación y pensamiento, que le fascinaban y le atraían poderosamente. Debido a su mayor interés en ellas que en las asignaturas del currículo, no destacó especialmente por sus resultados académicos, graduándose sin honores ni distinciones en 1665, logrando a pesar de ello financiación gracias a sus conocimientos sobre matemáticas, física y mecánica y su mente brillante para seguir estudiando durante cuatro años más.

En agosto de ese mismo año el riesgo de la peste que azotaba a Europa en esos momentos llegó hasta Cambridge, y Newton se vio forzado a volver a Woolsthorpe Manor, donde permaneció unos dieciocho meses hasta poder regresar de nuevo a la Universidad. Aprovechó esta pausa en su formación académica para formular su método de cálculo infinitesimal y establecer las bases de su teoría de la luz y del color y los fundamentos para la mecánica de la moción planetaria. La leyenda sitúa en esta época el famoso episodio de la manzana cayendo sobre su cabeza, llamándole la atención el porqué de tal fenómeno, lo que eventualmente desembocaría en la formulación de su ley de la gravedad. Lo que sí se sabe que es cierto es que este periodo es considerado uno de los más determinantes para la trayectoria posterior del científico, a lo largo del cual sentó las bases de su gran obra Philosophiae Naturalis Principia Matematica («Principios matemáticos de la filosofía natural», referida también como simplemente Principia: «Principios») publicada en 1687.


En 1667, Isaac Newton volvió finalmente a Cambridge, donde permanecerá hasta lograr la maestría en sus estudios en 1669, antes de los veintisiete años de edad. Durante este tiempo publicó Enumeratio Curvarum Trium Dimensiorum («La enumeración de las cúbicas»), un tratado preliminar de geometría analítica cuyas fórmulas perfeccionaría y ampliaría en obras posteriores. Logró el favor de la Universidad, quien le otorgó el puesto de conferenciante menor –debido a sus resultados académicos decentes mas no brillantes– hasta finalmente reconocer su posición como conferenciante mayor. Al encontrarse con la obra de Nicholas Mercator Logarithmotechnia (1668), el primer tratado conocido sobre los logaritmos y cálculo de series infinitas, Newton rápidamente escribió, en colaboración con su amigo y mentor el matemático y teólogo Isaac Barrow, De Analysi Per Aqueationes Numero Terminorum Infinitas («Sobre el análisis de ecuaciones con un número infinito de términos», tratado referido también como simplemente De Analysi), publicándolo al año siguiente de la aparición del tratado de Mercator y desarrollando las fórmulas expuestas en él con sus propias conclusiones. Al poco tiempo Barrow se retiraría de su puesto como profesor en Cambridge, ocupando Newton su lugar. En una carta al matemático John Collins –quien también se convertiría en un gran amigo y apoyo para Newton–, Barrow definiría a su sucesor como «muy joven pero con un genio y un talento extraordinarios». Isaac Newton permanecería en el puesto como profesor de Cambridge dedicándose más a la impartición de lecturas que a la enseñanza tradicional en sí, ocupando esta posición hasta el año 1696, cuando, invitado por Lord Charles Montagu, Primer Earl de Halifax, se le ofreció el puesto de Intendente en la Real Casa de la Moneda inglesa, puesto que él aceptó gustoso, mudándose a Londres y llegando a ser nombrado Director en 1699.

La brillante trayectoria profesional, académica y social de Isaac Newton a raíz de su ingreso y participación en Cambridge habría despertado sin dudarlo la envidia de los grandes precursores de sus ideas como Copérnico, Galilei y Kepler, quienes, tan solo unos siglos atrás, habían sufrido persecución y confinamiento por causa de sus revolucionarias ideas, siendo tachados de heréticos. Isaac Newton llegó a una posición mucho más que respetable en el seno de la sociedad británica de la época, llegando a ser nombrado Presidente de la Real Sociedad de Londres en el año 1703, y, tan solo dos años después, nombrado Sir por la Reina Anne el 16 de abril de 1705. A esas alturas, tras años de servicio en la Real Casa de la Moneda y habiendo ya Newton, con ya más de sesenta años, formulado todas sus Leyes incluyendo la de la gravedad, establecido los fundamentos de la mecánica y construido su propia versión del telescopio, sus aportes a la sociedad inglesa y en última instancia a la ciencia mundial eran ya incontables. Destaca también su aportación a la política, siendo elegido representante de la Universidad de Cambridge en el Parlamento en 1689 y en 1701, en plenos tiempos de transición desde la Dinastía Stuart a la regencia de la Corona Inglesa por parte de la Casa de Orange. Su irrebatible oposición al Rey James II de Inglaterra e Irlanda y VII de Escocia y su preocupación y defensa de los intereses de la Universidad le ganó el favor de la Casa Real de Orange y del Partido Liberal o «Whig», del que Lord Charles Montagu, uno de los admiradores de su trabajo, era un eminente miembro.

Aun así, la vida de Isaac Newton tampoco gozó de la ausencia de oposiciones y enemigos. Uno de sus más grandes y famosos rivales fue el anterior Presidente de la Real Sociedad de Londres, Robert Hooke, un auténtico polímata cuya obra más importante, Micrographia, publicada en 1665, recoge los resultados de sus observaciones a través del microscopio, inventado por Zacharias Janssen junto con su padre alrededor del año 1595, siendo Hooke el primero en observar a través de él a las células y llegando a acuñar la misma voz inglesa «cell» (célula). Sin embargo, Hooke también sufría en su vida privada de una situación personal muy aflictiva, lo que se tradujo también en grandes conflictos con otros colegas de profesión como Newton, con quien el intercambio de pullas mordaces era constante. Una de las mayores y más conocidas disputas entre ambos tiene que ver con la posibilidad de que Principia Mathematica, de Newton, estuviese influenciada en exceso por los propios estudios de Hooke. Hay incluso quien va más allá y afirma que una de las más famosas e inspiradoras frases de Newton, citando a Bernard de Chartres, «si he logrado ver más lejos ha sido por estar subido sobre los hombros de gigantes», podría perfectamente esconder un insulto velado a Hooke, quien sufría de una severa cifosis y puede que también de enanismo.


Aun así, más allá de sus querellas y rivalidades o sus posibles relaciones conflictivas personales, el legado de estos hombres de ciencia del siglo XVII es de un valor mucho más que excepcional en los fundamentos de la ciencia moderna. Famosa es la reunión en 1694 entre Edmond Halley (descubridor del cometa que lleva su nombre), Robert Hooke, Christopher Wren e Isaac Newton, en la que especularon entre todos sobre cómo podía ser la trayectoria de un cometa, siendo Newton quien les señalase que la probabilidad más plausible fuese una elíptica.

Sir Isaac Newton fue enterrado en la Abadía de Westminster, en Londres, tras padecer terribles problemas de salud durante años y morir en 1727. «Genio y figura hasta la sepultura», rechazó recibir la Extremaunción, habiendo aborrecido secretamente la religión y todo lo que le recordara a su desventurado pasado en el seno de su familia marcada por ideas en exceso materialistas y religioso-puritanas que le llevaron a ser un niño abandonado, solitario y ansioso. Con sus incontables descubrimientos y comprobaciones matemáticas, el descubrimiento de sus Leyes (del movimiento, de la refracción de la luz, de la fuerza y de la gravedad, que es por la que es más famoso), sus invenciones como la nueva reforma del telescopio y sus observaciones astronómicas, tanto Isaac Newton, este hombre atormentado por una vida personal tan llena de ansiedad, rechazo e insondable tristeza, como sus también atormentados rivales, habiéndose todos ellos alzado sobre el difícil y valiente destino de los precursores del heliocentrismo copernicano, constituyen ahora los Gigantes sobre los que las siguientes generaciones de científicos, como por ejemplo Albert Einstein o Stephen Hawking, también ellos con sus propios desafíos y limitaciones, se alzan y se alzarán en base a sus brillantes descubrimientos y a su ejemplo de lucha y superación ante todas las adversidades, por grandes o insalvables que puedan parecer. Sin ser perfectos, todos ellos fueron y son grandes hombres cuyas vidas demuestran que más allá de las condiciones sociales y políticas precarias, las opresiones y las persecuciones, los defectos humanos, la soledad o las carencias la sabiduría, el conocimiento y la ciencia permanecen y brillan en sus obras y en su trabajo como ejemplos gigantes escritos en la historia de lo más grande que puede llegar a alcanzar un ser humano.

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